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PRUEBA HONDA CR-V

En todas sus ediciones, el Honda CR-V siempre ha proporcionado un alto agrado de conducción. Y con el tiempo, también ha ido ofreciendo logradas soluciones prácticas y una cuidada calidad de realización, con la que no sólo ha conseguido diferenciarse del resto, sino que también ha cosechado un gran éxito comercial a nivel mundial.

En su última generación mantiene las mencionadas cualidades, pero en su afán para diferenciarse recurre a un planteamiento técnico más arriesgado, ya que en su gama de motores no hay ni un solo Diesel, el combustible por excelencia dentro del segmento SUV. En lugar de ello emplea un moderno 4 cilindros de gasolina, con turbo y unos contenidos 1,5 litros de cilindrada, capaz de rendir hasta 193 CV en las versiones dotadas de cambio automático CVT, y 173 CV en los modelos manuales. Este último escalón de potencia, asociado a la tracción a las cuatro ruedas, es el protagonista de nuestra prueba. La versión híbrida, por su parte, será la que ponga la guinda a nivel tecnológico, ya que promete un alto grado de sofisticación.

Suavidad en marcha

El confort es uno de los primeros rasgos que se aprecian al iniciar la marcha, ya que cuenta con una calidad de rodadura encomiable. Está muy bien amortiguado y absorbe eficazmente todo tipo de baches, algo a lo que también colabora la equilibrada medida de los neumáticos, ya que cuentan con suficiente balón para ayudar a filtrar las pequeñas irregularidades del asfalto.

En cuanto a los tarados de la suspensión, son relativamente suaves, acordes con el planteamiento familiar del modelo, pero no por ello hay que renunciar a una brillante relación entre confort y eficacia dinámica. Su estabilidad lineal resulta muy elevada, a lo que contribuye una precisa dirección de radio variable, menos directa en su zona central para no dar como resultado un coche nervioso a alta velocidad, pero que, sin embargo, no requiere mucho ángulo de volante para afrontar giros y curvas cerradas. Esto le otorga agilidad sin comprometer la sensación de aplomo y, a pesar de que la dirección está bastante asistida, el bastidor da mucha confianza.

La tracción total consigue reacciones tranquilizadoras en todo momento, incluso con lluvia, logrando un límite de agarre muy elevado que, cuando se sobrepasa, viene seguido de un subviraje muy progresivo y controlado, a modo de aviso. En caso de forzar la situación, ya sea por un error de conducción o por olvidarnos de que se trata de un SUV, el eje trasero resulta prácticamente inamovible y redondea poco o nada, huyendo de cualquier reacción que pudiera poner en dificultades a su conductor. Los cambios de apoyo no son excesivamente inmediatos, pero las ayudas electrónicas actúan en el momento justo para que las inercias no se acumulen.

Tampoco la frenada está pensada para un uso agresivo, pese a las buenas distancias obtenidas en nuestras pruebas, ya que el servofreno está muy asistido y no permite una dosificación tan precisa en frenadas fuertes, donde se suelen activar automáticamente las luces de emergencia. En conducción normal, que es para lo que está diseñado, es un coche muy neutro, con gran capacidad de tracción, precisión de guiado y buenas maneras, sobre todo teniendo en cuenta el elevado confort de rodadura que ofrece.

Motor turbo de 1,5 litros

¿Un motor de 1,5 litros es suficiente? El toque personal lo pone el carácter de su motor, que puede presumir de buen rendimiento para su cilindrada, aunque los hay más rápidos con potencias similares. Apenas tiene efecto turbo, pues la sobrealimentación no da como resultado ninguna brusquedad, sino que se produce de manera muy lineal y discreta, sin la “patada” habitual de este tipo de motores, logrando un tacto muy similar al de una mecánica atmosférica. A partir de 2.000 vueltas cuenta con suficiente par motor como para moverse con soltura entre el tráfico, incluso en sexta, en parte porque cuenta con unos desarrollos del cambio adecuados, nada largos para lo que se estila hoy día.

Si se estira la mecánica, en la zona alta del cuentavueltas es donde realmente están sus 173 CV de potencia, aunque acercarnos a las 6.500 rpm del corte de inyección quizá no sea lo más apropiado para un confortable SUV de enfoque familiar, ya que su sonido a alto régimen puede desentonar con la paz reinante en el habitáculo. En cualquier caso, el manejo del cambio es preciso y resulta gratificante, con la palanca muy a mano, ya que está situada en una posición elevada de la consola central, como en anteriores generaciones del modelo. La respuesta del motor, muy refinada y dosificable, junto con un embrague cuyo punto de fricción está bien definido, hacen que su conducción resulte agradable incluso en situaciones de tráfico denso o al callejear por entornos urbanos.

A la hora de brindar practicidad el CR-V pone todo de su parte. Y no hablamos de sus cualidades campestres, que mejoran gracias al incremento de altura libre al suelo (ahora 20,8 cm) y a la optimización de la tracción total, sino del interior, precisamente uno de los apartados más convincentes del modelo.

Gran espacio interior

Destaca por su generosa amplitud y sensación de desahogo, tanto en anchura como longitudinalmente, además de por el buen acceso que brindan sus puertas traseras, cuyo ángulo de apertura es de casi 90º. La fila trasera es fija, ubicada en una posición bastante retrasada que deja mucho espacio libre para estirar las piernas, y no por ello se prescinde de un enorme maletero, al menos en esta versión de 5 plazas (por primera vez el CR-V también ofrece la opción de 7 plazas). Los respaldos posteriores son reclinables en varias posiciones y la labor de abatirlos resulta muy sencilla, con un único gesto que deja una superficie de carga plana.

Por otro lado, cuenta con muchas soluciones prácticas, desde un portagafas con espejo panorámico incorporado, para controlar a los niños, hasta un cofre central muy amplio y modulable por medio de una bandeja móvil extraíble, para repartir el espacio de su interior a nuestro antojo, y donde también se han ubicado tomas de corriente de 12 V, dos puertos USB y un conector HDMI (también hay dos conexiones USB en las plazas posteriores y otra toma de 12 V en el maletero). Aparte, en la misma consola central hay posavasos y otra bandejita con una toma de corriente adicional, por lo que, salvo una superficie para cargar el teléfono de forma inductiva, poco más podemos pedir.

Mayor equipamiento

Respecto al equipamiento, en este acabado, que es el superior Executive, nos encontramos con una gran dotación de serie. Dispone de elementos como tapicería de piel, llave inteligente, asientos y volante calefactados, portón trasero de accionamiento eléctrico, sistema de navegación, cámara trasera, parabrisas térmico, cuadro de mandos digital y Head-Up proyectado sobre un plástico transparente de buen tamaño, aunque no tan cómodo como uno proyectado sobre el propio parabrisas, ya que altera levemente la imagen.

También en lo que respecta a seguridad cuenta con todos los dispositivos que cabe esperar en un coche de su categoría, léase control de crucero adaptativo, mantenimiento automático de carril, sistema anticolisión, reconocimiento de señales de tráfico, luces largas automáticas, control de ángulo ciego y tráfico trasero cruzado, etc. Completísimo en todos los sentidos, quizá lo único que podría mejorar es que, tanto el manejo de la pantalla táctil como la disposición de las teclas multifunción del volante no son todo lo intuitivo que nos gustaría, aunque es cierto que te acabas acostumbrando.

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